Estimada vecina del departamento 402:
Espero sinceramente que perdone mi intromisión en su agitada rutina.
Sucede que nuestras paredes son delgadas y dado que eso no es culpa suya ni mía y en vista que usted vive en este edificio mucho más tiempo que yo, he optado por usar tapones en los oídos, audífonos o tomar Clonazepam para dormir temprano y no entretenerme con sus historias, sus reuniones o sus interesantes clases nocturnas. Lo hago pensando en respetar su intimidad, dentro de lo posible.
Sin embargo, no puedo guardar silencio ante lo sucedido anoche. Esperaba el ascensor cuando su novio —porque el muchacho que canta canciones de Luis Miguel es su novio, ¿verdad? Ojalá no me equivoque— pasó a mi lado hablando por teléfono sabe Dios con quién e invitándole a una fiesta en su casa —la de usted— en la que se comprometía a propiciar un karaoke para cantar canciones de Romeo Santos.
Señorita, por amor a Cristo. Romeo Santos lleva toda su carrera intentando convencernos de que su calentura es literatura. En sus canciones queda en evidencia que el hombre confundió tener libido con tener profundidad emocional.Escucharlo es quedar atrapados en el monólogo interior de un señor que descubrió el deseo sexual a los 38 años. Sus letras siguen básicamente este esquema: sexo + culpa + infidelidad + mami.
Con todo respeto, le ruego reconsidere la realización de una fiesta para homenajear a Romeo Santos. Tengo lindos discos que le puedo prestar para que amenice su velada, lo juro.
Aunque ahora mismo caigo en la cuenta de que la fecha de la supuesta fiesta coincide con sus clases de derecho civil y societario. No le recomiendo que se salte esa clase, vecina. Lo digo por su bien pero también porque antes que escuchar a Romeo Santos prefiero escuchar a su profesora —la que siempre estornuda es la de derecho civil, ¿no?— recitando en voz alta el Código Procesal Civil. No soy ducho en la materia pero intuyo que el Código Civil no incluye la palabra mami en ninguna parte y eso ya lo hace una mejor opción.
Atte.
Departamento 403
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