13 octubre 2026

Sigo en un taller de escritura creativa (I)

Nunca pensé que jugaría ajedrez con Janis Joplin.

Alguna vez imaginé que podría aparecer para participar en una de esas juergas inmemorables que solía propiciar en mis 20s, o tal vez para acompañarme en una borrachera triste, o incluso alguna noche para ayudarme a evadir un decepcionante desamor de barra.

Se sentó frente a mí sonriendo y armó el tablero con paciencia. 

Puso las blancas a mi lado. Pero no atiné a moverme.

— ¿Sabes jugar? — me preguntó.

— Lo suficiente para perder con dignidad.

Soltó una carcajada.

—La dignidad está sobrevalorada, dijo. Y volteó el tablero. 

Sentí que se me había revelado la quintaesencia de Janis Joplin. Pensé en cada interpretación de "Piece of My Heart", y en esa confirmación de que amar es también dejarse arrancar algo. Janis nunca dijo que sabía más que nosotros sobre el amor o sobre la vida. Creo que la magia reside en esa manera hermosa que tuvo de admitir que tampoco entendía nada.

— ¿Te arrepientes? —le pregunté.

— ¿De qué?

— De algo. De todo.

Se rio.

— Todo es demasiado.

Y movió un peón.

Saqué un cigarrito. Le ofrecí otro. Me ofreció fuego. Recordé cuando empecé a fumar. Tenía 15 años y me sentía muy libre por disfrutar tanto de algo que iba en contra de mi educación. Reelaboré mi pregunta.

— ¿Te arrepientes de haberte ido tan joven?

Janis dejó de sonreír.

— No me fui.

— ¿No?

— Me llevaron.

Sentí un frío pequeño en la espalda.

— ¿Quién?

Janis señaló el tablero.

— Te toca.


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