06 abril 2009

¿A qué hueles?


O mejor dicho ¿qué olores tiene tu vida? Son tantos que a veces se mezclan los unos con los otros y olvidamos que tenemos nariz. Como si tuviéramos nariz sólo en el instante en que la memorable fragancia entró a nuestro cuerpo, o cuando recordamos algún desagradable olor cortesía del servicio de ornato de distintos puntos de la ciudad.

Hay olores que perduran, olores que te hacen correr, olores que te hacen volver la cabeza, olores que te hacen doler la cabeza (por razones distintas), olores que actúan como máquina del tiempo, otros como la única tablita que te mantiene a flote en el mar de un recuerdo que no quieres dejar escapar... e te cé. Hay olores que la memoria bloquea, otros que la memoria aviva, y hasta aquellos que la memoria nunca deja de tener a flor de piel. Creo que los olores son más difíciles de recordar que las imágenes, que los sonidos, que los sabores y hasta que las texturas. Tal vez por eso, me parece que guardamos con más presición los 'buenos' olores (los malos simplemente 'apestan' y ya). Y tal vez por eso cuando viene uno de ellos a mi cabeza, o a mi nariz, una sobredosis de adrenalina suele recorrerme el espinazo del diablo, mientras las mariposas de Mauricio Babilonia revolotean en mi estómago. No cualquier olor regresa a la memoria, o no cualquier olor la reactiva.

Por el olor recuerdo (y con muchos de ellos se me pone la piel de gallina y todo lo dicho antes) la sala Eco, la casa de mi padrino, el lápiz labial 'pimienta caliente' de mamá, a mi papá, al primer chico que me gustó, al que me gusta, los primeros meses de mi ahijado, mis primeros días de clases en el colegio, la facultad, la torta de galletas y chocolate de la abuela... Cuando leí "Día de Visita" de Marco Avilés, recordé por qué me gusta tanto el café: porque el café sin olor no es más que un trago amargo.



Pd. Pongo "tu nombre me sabe a hierba" porque me encanta la forma en que Serrat obliga a que reutilicemos nuestros sentidos. Además, ¡es Serrat!

1 comentario:

digler dijo...

ahora que termino de leer tu post, recuerdo las veces en als que me senti invadido por una extraña nostalgia producida por alguna fragancia caprichosa. A veces, me viene a la mente el olor limpio de los limones que crecían en el jardin de mi abuela,y sólo eso me basta para que el día se me ilumine por completo.

Es curioso lo que hacen los sentidos