Gatsby creía en la luz verde,
el futuro orgiástico que
año tras año retrocede ante nosotros.
En ese entonces nos fue esquivo,
pero no importa;
mañana correremos más aprisa,
extenderemos los brazos más lejos...
hasta que, una buena mañana...
¿Sabías que siempre me gustó mucho el olor de las buganvillas?
Creo que Cortázar olvidó escribir algo así como "instrucciones para no extrañar". Algo que prohíba a la gente agarrar el teléfono y hacer llamadas incomprensibles a horas a veces inapropiadas. O abrir la laptop y escribir correos interminables. O arrancar papeles y escribir cartas a veces ininteligibles .
{No, no. Mejor eso último no. Eso no debería prohibirse nunca}
Decía: alguien debería prohibir la nostalgia. Anular la polisemia de la palabra "extraño". Sí, polisemia. Si no me crees, suelta a esa palabra a caminar sola por el mundo, sin ninguna categoría gramatical que la lleve de la manito. ¿Cuántas cosas puede significar? Y créeme: todas pueden ir en la misma oración cargada de nostalgia.
Debería estar prohibido mirar el teléfono y querer marcar tu número. Sí, otra vez. O pensar que no hay nostalgia mayor que añorar lo que nunca jamás sucedió -gracias Sabina, puedes irte a la mierda-. Debería prohibirse mediante algunos acuerdos internacionales creer eso de "la distancia a la mierda".
No debería lamentar no haber tomado ese avión contigo. No somos Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, aunque yo tenga el sombrero de aquel galán. No era mi decisión o la tuya volar o no juntos: era tu bien merecida suerte la que te subió a ese avión y la bien merecida mala suerte mía la que me deja mirando las ofertas de Lan. ¿Entiendes por qué Sabina debe irse a la mierda?
Te prometí que iría a por ti con la misma sensación que Ilsa le dijo a Rick que iría a la estación, sabiendo que lo más probable es que no llegaría nunca. Y no llegó. No sé si pasará la mismo con nosotros, no sé si no llegaré. Si así fuera, seguro que no te enviaría una carta como la que ella le envió a él. No tengo tanto estilo, y sin ese estilo no se puede sobrellevar ese drama. Seguro te diría que ahora me tocaba cagarla a mí, estadísticamente.
{Aún vamos empate: una y una}.

Anoche veía un cuarto de luna menguar {¿o crecer?} mientras Nick Cave, Muse y Vetusta Morla entraban por mis oídos a jugar con mis ideas, a darle un empujón a mis neuronas, a ver si se atreven a hacer sinapsis. Mientras, pensaba que tú ya estabas donde deberías estar. Pensaba si desde ahí le podrás rezar a las tres marías, o si no querrás hacerlo nunca más.
Eso sí, recuerda: siempre nos quedará Turquía. ¿Al final de tu viaje aún nos quedará Turquía?. Turquía y todos los demás lugares que sabemos que debemos recorrer juntos. Y los que no sabemos, también, por supuesto. Sobre todo los que no sabemos, querido. Sí, querido. Y mucho. Porque lo único que puedo decir claramente ahora es que te quiero. Jodidamente, te quiero.
