05 enero 2010

Hay golpes con la bicla, tan fuertes yo no sé

O hubiera preferido no saber. 

Ayer, cumpliendo uno de mis propósitos 2010, salí a manejar bicicleta. Lo hago todas las noches desde hace una semana y me hago la valiente ante las miradas burlonas de las personas con las que me cruzo. Sí, sí, puede ser vergonzoso aprender a manejar bici a los 26 años casi 27, pero tengo tantas ganas de aprender que he logrado convencerme de que no me importa.

Subía entonces por una acera de la Residencial San Felipe montando la bici, pensando en que aprenderé rápido y que pronto podré pasear por la vida como Meg Rian manejando sin manos o a la velocidad con la que Elliot llevaba a ET...cuando de pronto me di cuenta que en la perfecta línea imaginaria por la que manejaba, se cruzaba un poste...con el cual me estrellé sin atinar a manipular el freno. Creo que en un nanosegundo decidí que no importaba si lo manipulaba, que igual me iba a estrellar, que igual me iba a caer, que igual me iba a doler...

Y sí. Me estrellé, me caí, me dolió. Aun me duele. Fui consciente de cada uno de los golpes que la bicicleta me dio en distintas partes del cuerpo y de cada uno de los segundos que demoré en estrellarme y revolcarme contra el césped, al cual me aferré, sintiendo su olor verde húmedo, recién regado. Y en el cual me refugié, abrazándolo, como si el no haber apretado el freno tuviera que ver con que busqué aterrizar en la grama. 

Me quedé ahí viendo pasar el tiempo, regodeándome en mi dolor. La gente que pasaba me miraba. No sabían si reír, ayudarme o hacer qué. Así, mi primera lección como ciclista fue que cuando te caes y estás avergonzada y herida eres más consciente del tiempo y los segundos duran lo que dura una era geológica. Rompí el momento incómodo y le devolví velocidad a la vida con una carcajada. La gente a mi alrededor volvió a circular con normalidad. 

Después de semejante teatro me levanté y seguí manejando. Seguía riéndome pero también se me chorrearon las lágrimas. Supongo que porque ya no tengo 10 años y nadie me está sosteniendo la bici. Pero, ¿por qué querría que alguien me la sostenga? Eventualmente se me secaron las lágrimas y los mocos y fui de largo por unas cuatro horas, creo. Manejé por todo el malecón, ida y vuelta, titubeando menos. O, en todo caso, titubeando mejor.

Y ahora que escribo esto caigo en cuenta de lo sucedido. JODER. Me saqué la entreputa pero de verdad aprendí a manejar bicicleta.

WOW. No tengo idea de qué pasará mañana, pero ahorita mismo me siento como si acabara de volar entre las estrellas :)

02 enero 2010

2010


Se supone que para este 2010 ya pasó la crisis económica... se fue de la mano del 2009. Yo no confío en esa suposición. Por último si esa crisis se va, siempre quedarán otras. Las crisis se superponen, como para darle a uno el trabajo de tener que establecer prioridades, y ni bien se sale de una, ponerse a pensar como solucionar a la otra sin vacaciones. Las existenciales, por ejemplo.

A algunas personas las crisis les aumentan con los años, pero yo creo que tengo las mismas crisis desde hace más o menos cinco años. Han cambiado de perspectiva, pero el leitmotiv es el mismo. O tal vez mis crisis no han ido in crescendo porque no tengo crisis por mi edad (la única edad que me causa una crisis es la de mi ahijado: ya tiene 8, terror!), ni por mi peso, ni porque se me rompan las uñas.

El año recién comienza, pero ya hay señales que me hacen ver que se va a ir igual de rápido que los otros, o tal vez hasta más. Cuando trabajas en un diario vives adelantado un día, y estos se te escurren como agua en el colador. Y en los casi 20 días que van del año, la cantidad de veces que he dicho "mañana lo hago" es directamente proporcional a la cantidad de gente que ha ido a ver a Metallica, me alegro de haber modificado mis propósitos de año nuevo.

Los reduje a: darme más tiempo para leer, manejar bicicleta, retomar el diplomado y la tesis.

No es que mi ambición se haya reducido, sino que aprendí a diferenciar propósitos de deseos. Lo que depende de mi y lo que depende de alguien más. Lo que depende más de mi que del mundo, o de algunas personas en particular. Y con eso no reduzco mis crisis existenciales, solo trato de evitarme algunas crisis innecesarias. ¿Qué dirá mi balance 2010 al respecto?

30 diciembre 2009

Balanza 2009

Empecé el 2009 diciendo "Esta es la vida que me merezco", solo que olvidé definir que quería decir con eso. O sea, el verano no dura todo el año.

Mi propósito 2009 fue extremadamente cómodo. Dije: "Sólo prometo seguir equivocándome en el afán de hacer mejor las cosas, y seguir aprendiendo de ello para que mi próximo balance de fin de año sea bueno, y así tener excusa para celebrar con la gente que quiero sin cargo de conciencia"

Y lo cumplí. Me equivoqué, me equivoqué y me volví a equivocar todo lo que pude. Mi terquedad y mi piconería salieron a relucir de manera espectacular. Me gradué de constructora...de castillos en el aire, y limpié mi espejo hablador con barro, por lo que la voz del otro lado del espejo la escuché muchísimas veces distorsionada. Y comprobé que prometer a fin de año equivocarte mil veces no es compatible con decir a principio de año "esta es la vida que me merezco".


Fue como cualquier otro año porque derramé todas las lágrimas sonrisas que pude. Y como siempre, se sintió como si fuera la primera y última vez que riera, llorara o viajara en cualquiera de los extremos o medios de las emociones humanas. Y el 2009 fue, como todos, el último año que... n cosas, también fue el primer año que... n+1 otras.

Adoro estos rituales de año nuevo, el mirar al cielo a las 12 de la noche y caminar como si no fuera necesario ver por donde pisas. Salir de lo cuadriculado de la dorada cotidianidad para pensar que lo que se te va a ti, también se le va a todo el mundo.

Lo único bueno de estos ritos comunes a la humanidad es que nos renueva una oportunidad de hacer diferentes las cosas en días que sabemos que pueden verse exactamente igual que los del año anterior, pero que más... tienes la oportunidad de mirarlos de otra forma, porque ya no eres la misma persona de hace 365 días.

Adoré este 2009.
Por las personas que conocí.
Por las personas con las que compartí los días.
Por los abrazos que recibí y que pude dar.
Porque me enamoré aunque sea solo para acordarme como era.
Por la magia que aprendí a reconocer.
Porque encontré la brújula que no necesitaba.
Por las lágrimas que derramé.
Porque encontré novísimas razones para sonreir.
Por los libros que leí.
Por los conciertos en los que mi garganta, mi corazón, mi cerebro, y algunos muchos otros órganos quedaron comprometidos.
Porque vi casi todas las obras de teatro que me dio la gana.
Porque caminé hasta destrozar mis converse.
Porque recordé las razones por las que soy periodista, y encontré otras tantas.
Porque recordé las razones por las cuales ser mujer es, aun, un desafío.
Porque terminé de cerrar el contrato con una parte de mi adolescencia.
Porque me vi al espejo, en serio.
Por los amigos que encontré, por los que conservé y por los que volvieron.
Porque me dio la gana de vivirlo como lo viví y me hago absolutamente responsable de ello.
Porque acabó el año y siento que no pasó de largo.

Una canción, un libro, un viaje, un artículo, una película. Solo porque si.

LA canción



EL documental



LA pelicula



LA obra

29 noviembre 2009

Equipaje de viaje

Dicen que las mujeres siempre cargamos más peso del que necesitamos en nuestra maleta / cartera / mochila / bolso de viaje / maletera del auto. Lo más probable es que sea cierto. Es el "por si acaso" suele jugarnos una mala pasada a veces, aunque también es cierto que hemos sacado de apuros a decenas de personas cercanas gracias a ese sobrepeso. ¿De qué se quejan, si por último el sobrepeso lo cargamos nosotras?

El caso es que esto me viene a la cabeza por mi último viaje: llevé solo con lo justo y necesario en la maleta. Ni tuve necesidad de meter equipaje en la bodega. La bolsita con las piedras pesadas venía en el equipaje de mano y su destino era quedarse allá, en las tierras de mis añoranzas cajamarquinas.

Pero cuando regresé, estuve a punto de pagar US$23 por sobrepeso, cortesía de mis tíos y sus envíos a la familia. Gracias a Dios y a la benevolencia de la señorita trabajadora de Lan, no pagué dicha suma, solo tuve que viajar cual ekeko, cargando además de mi bolso de viaje, una retahila de bolsas y mi maletín-el cual por alguna razón pesaba mucho más de lo que pesó dos días antes, cuando recién llegaba-. Mi bolsita de piedras, por su lado, fue terca y me siguió. Y por alguna razón extraña trajo una carga solo comparable con la cantidad de desmonte que dejan los obreros de construcción civil a su paso.

Ya dejé todos los encargos en casa de mi madre, pero aun no termino de deshacer la maleta, y apenas he chequeado porque construcción civil cargó mi bolsita de piedras, aunque no seamos tarugos, cada quien sabe cuando falsea el contenido de su bolsa (por eso no te creo Francis Allison!) Apuesto a terminar de vaciar las bolsas antes del próximo viaje... me lo prometo. Y, vamos, me lo merezco.

09 noviembre 2009

Noviembre, para mi

Noviembre se caracteriza por pasar casi desapercibido entre los comerciales de panetón y las cuentas que uno hace para tratar de regalarle algo a todos los que quiere (o dice querer). Noviembre para mi nunca ha existido, ha sido siempre la continuación del turrón de octubre que se abre paso entre las primeras caritas de Papá Noel que aparecen en el mercado.

Pero este año me propuse hacer que exista. Y a la par de aderezarlo con el primer mes de mudanza, y todo lo que ello conlleva (aprendizajes superpuestos que le llamo), toca volver a Cajamarca, un lugar del que de mi depende rescatar mis mejores nostalgias y ponerle algunos puntos de color en medio del paisaje perpetuamente decorado en escala de grises. Lo digo escuchando a Juan Carlos Baglietto cantar que solo se trata de vivir (esa es la historia).

Ah... yo quiero que este noviembre exista, y está existiendo. Lo estoy haciendo existir. He jurado solemnemente no quejarme de la existencia del lunes, ni del domingo, sino procurar hacer divertidos los días de la semana, que al final son tan poquitos que apenas se dan tiempo de existir los pobres, y tienen que recurrir a la repetición perpetua.

Y noviembre me espera hace meses con esto esto, con la oportunidad de gritar, entre otras cosas, "I wanna breathe that fire again" como se debe.

Una del posible set list... queda.