O hubiera preferido no saber. Ayer, cumpliendo uno de mis propósitos 2010, salí a manejar bicicleta. Lo hago todas las noches desde hace una semana y me hago la valiente ante las miradas burlonas de las personas con las que me cruzo. Sí, sí, puede ser vergonzoso aprender a manejar bici a los 26 años casi 27, pero tengo tantas ganas de aprender que he logrado convencerme de que no me importa.
Subía entonces por una acera de la Residencial San Felipe montando la bici, pensando en que aprenderé rápido y que pronto podré pasear por la vida como Meg Rian manejando sin manos o a la velocidad con la que Elliot llevaba a ET...cuando de pronto me di cuenta que en la perfecta línea imaginaria por la que manejaba, se cruzaba un poste...con el cual me estrellé sin atinar a manipular el freno. Creo que en un nanosegundo decidí que no importaba si lo manipulaba, que igual me iba a estrellar, que igual me iba a caer, que igual me iba a doler...
Y sí. Me estrellé, me caí, me dolió. Aun me duele. Fui consciente de cada uno de los golpes que la bicicleta me dio en distintas partes del cuerpo y de cada uno de los segundos que demoré en estrellarme y revolcarme contra el césped, al cual me aferré, sintiendo su olor verde húmedo, recién regado. Y en el cual me refugié, abrazándolo, como si el no haber apretado el freno tuviera que ver con que busqué aterrizar en la grama.
Me quedé ahí viendo pasar el tiempo, regodeándome en mi dolor. La gente que pasaba me miraba. No sabían si reír, ayudarme o hacer qué. Así, mi primera lección como ciclista fue que cuando te caes y estás avergonzada y herida eres más consciente del tiempo y los segundos duran lo que dura una era geológica. Rompí el momento incómodo y le devolví velocidad a la vida con una carcajada. La gente a mi alrededor volvió a circular con normalidad.
Después de semejante teatro me levanté y seguí manejando. Seguía riéndome pero también se me chorrearon las lágrimas. Supongo que porque ya no tengo 10 años y nadie me está sosteniendo la bici. Pero, ¿por qué querría que alguien me la sostenga? Eventualmente se me secaron las lágrimas y los mocos y fui de largo por unas cuatro horas, creo. Manejé por todo el malecón, ida y vuelta, titubeando menos. O, en todo caso, titubeando mejor.
Después de semejante teatro me levanté y seguí manejando. Seguía riéndome pero también se me chorrearon las lágrimas. Supongo que porque ya no tengo 10 años y nadie me está sosteniendo la bici. Pero, ¿por qué querría que alguien me la sostenga? Eventualmente se me secaron las lágrimas y los mocos y fui de largo por unas cuatro horas, creo. Manejé por todo el malecón, ida y vuelta, titubeando menos. O, en todo caso, titubeando mejor.
Y ahora que escribo esto caigo en cuenta de lo sucedido. JODER. Me saqué la entreputa pero de verdad aprendí a manejar bicicleta.
WOW. No tengo idea de qué pasará mañana, pero ahorita mismo me siento como si acabara de volar entre las estrellas :)
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