No recuerdo dónde leí que el área de embarque de cualquier aeropuerto es la más triste del mundo, y que la de llegada la más feliz. Puede ser. Pero, para que una puerta de llegada sea feliz, tuvo que haber una puerta de salida, ¿no? ¿Y qué de la gente que adora viajar, y qué de aquellos que detestan regresar?
Me gustan los aeropuertos como me gustan los terminales terrestres. Pueden ser una especie de purgatorio, una puerta donde no tienes idea que encontrarás al abrirla pero si estás ahí solo queda esperar el momento de atravesarla. Buenos o malos, de los viajes siempre he traído mis pulmones purificados y mi maleta con souvenirs cuyo peso no es contabilizable en los controles de las líneas aéreas. Los aeropuertos / terrapuertos para mi son una suerte de pasaporte para poder mirar algunas cosas de otra forma.
Estoy a cuatro horas de mi siguiente vuelo, y estoy contenta. A pesar de que será un viaje de ida y vuelta. A pesar de que le tengo miedo a los aviones. Y a pesar de que siempre que piso un aeropuerto le tengo cierto temor a esta canción de Ismael Serrano,. Aunque, curiosamente, es una de mis favoritas.