14 junio 2009

Domingo


En mi época escolar adoraba los domingos: eran el día previo para volver al colegio, y eso me hacía feliz. Así no haya terminado todas mis tareas o cumplido todos mis propósitos findesemaneros, me provocaba disfrutar este día - a mi manera - leyendo, escuchando música, preparando postres, jugando, viendo televisión... Nada que no hiciera o no pudiese hacer otro día de la semana, pero hacerlos el domingo tenía un feeling especial.

El domingo coronaba la semana de manera especial. El sábado era día para salir (aún lo es) con los amigos, a comprar, a buscar libros a Quilca, etc., etc., etc. Pero los domingos el aire se sentía diferente.

Recuerdo haberme enamorado de la canción de Serrat un domingo. Y haber terminado de leer La Mil y Una Noches un domingo. Y terminar la mudanza de mi cuarto un domingo. Y sentarme a ver el narrador de cuentos. Y preparar mouse de chocolate. Y tomar un lonche opíparo, más allá de lo que mi pequeña barriga soportará históricamente. Y escapar a aprender a jugar 'taco' con los amigos. Y aprovechar para jugar con mi amigo imaginario.

No llueve en Lima. No hay forma de lavarse la nostalgia de aquellos domingos cuyo feeling espero no haber perdido en los vericuetos de la vida.

2 comentarios:

Malu dijo...

los domingos eran mas bonitos cuando somos peques, ahora solo marmoteamos o incluso chambeamos, que vida...pero a veces se puede respirar

Humberto Acciarressi dijo...

Dear Catalina: cada vez me gusta más cómo escribís y lo que escribís. No es uno de los elogios chistosos de Twitter, esos juegos de 140 caracteres. Acá hablo bien en serio (allá también, pero trato de disimularlo). Jaja. Un beso desde Buenos Aires.

Humber

PD: Tengo que ser totalmente honesto con vos: odio la verificación de palabras de los comentarios. Es un incordio.