Pero hay que prestar atención.
Solo así te puedes dar cuenta cuando el maniquí de la tienda grita consignas a favor de los derechos laborales. O que el muchacho que toca saxofón en la esquina te agradecerá si le regalas un sol o cincuenta céntimos; pero que si no los tienes, no te preocupes: igual apreciará que lo escuches y que saques a bailar, ojalá feliz, a sus notas musicales.

