Miro por la ventana desde pequeña buscando el mundo. A veces veía la vida sucediendo. A veces la calle vacía. Sentada en mi cama, siempre con los ojos en la ventana, veía entrar como un regalo la luz naranja del atardecer. La primavera con una esquina rota.
También miraba esperando ver llegar a alguien que me acompañara y que yo pudiera acompañar. Alguien a quien yo no le pesara. Siempre intenté tirar por esa ventana la idea de que me compraría quien no me conoce, porque quien me conoce ni regalada. Yo la aventaba con todas mis fuerzas. Y la maldita rebotaba. Sabía el camino de regreso.
Asomarme por la ventana era soñar con el futuro que tendría tras romper la cadena que me ataba a la pata de mi cama. Los años pasaron, los candados se rompieron. Y aquí, en medio de la pista, miro todas las ventanas del mundo y los ojos tras ellas pensando lo difícil que es estar del otro lado cuando el alma se acostumbró a mirar el mundo a través de los barrotes.
