06 enero 2011

Déficit petitorio


Le dije a Gianfranco que no existe Santa Claus. A diferencia de la tal Virginia que mandaba cartas a jefes editoriales preguntando por la existencia del viejo pascuero, yo se lo dije a Gianfranco de frente, face to face, hace tres años, casi.

Contrariamente a lo que muchos pueden pensar, esta sobrecogedora noticia no ha disminuído en lo más mínimo su ilusión por la Navidad, y tampoco ha tenido una incidencia negativa directamente proporcional a su lista de pedidos para la época, para desilusión del sector más amarrete de la familia.

Gianfranco se parece mucho a mí -pobre él- excepto en Navidad. De pequeña, no recuerdo haberle hinchado las pelotas a mis padres por algún regalo en especial: en líneas generales, mis pedidos siempre han sido austeros, pues siempre he pensado que si lo quiero, ya encontraré la forma de conseguirlo.

Por eso, y aprovechando el superávit que debe tener mi cuenta de pedidos universales por todo lo que no he pedido en 27 años de consumo de oxígeno en el planeta, lo único que pido en esta Bajada de Reyes [cuando aún se pueden hacer pedidos, dicen] es que me envíen el dispositivo que me ayude a ver eso que todo el mundo dice que ve y yo no. Si es que realmente existe, claro.

Aquí les espero, pero les agradeceré que no demoren mucho: estoy a punto de cumplir 28. Eso sí: el envío, por favor, por correo express certificado.

13 setiembre 2010

Para vos, reina (o soundtrack, parte III)

A mi las canciones no me gustan, me viven. O yo las vivo a ellas, cual rémora.

Corría el año 2008. Por alguna razón adquirí un apodo que nunca busqué: "reina". Una de mis hermanas de sangre, o de sangría, en honor a mi vocación sincera de meterme en problemas, me dedicó una canción en la que se escucha al final una voz irónica y aguardientosa decir "para vos, reina".

Viene al cuento porque desde antes del 2008 yo tarareaba esta melodía dentro de mis favoritas, pero no le había puesto aún el estigma. Debo decir que ha sido parte del soundtrack de varias de mis historias extrañas, de esas que encuentro -sin buscar, o que no me doy cuenta que las busco hasta que las encuentro- sin querer queriendo. Felizmente, en todas las historias en las que la condenada ha jugado algún tipo de papel, he salido lo suficientemente operativa como para volver a escucharla y prometerme no volver a jugar a que pertenezco al cuerpo de bomberos.

Pero cuando llega la siguiente vez, me dice cachosamente "para vos, reina". Para vos, que te gusta jugar con fuego, y que felizmente no has tenido necesidad de ir al pabellón de quemados. Entonces, me tomo un trago, prendo un cigarro, chapo cuatro claveles... y, como buena periodista, corro tras la historia. Total, siempre quedará la noche (negra, para quedarse conmigo). Y sobre todo, siempre quedará el Superba.



Disclaimer. Aquí acabó una persecución. Se disolvió una sombra. Acabo de hacer las pases con Adriana Varela, con quien tuve cinco años de pelea por esta canción. Sigo pensando que es desgarradora, pero ahora ya me puedo sentar a conversar con ella con na buena copa de vino de por medio. La nostalgia de no suceder(me), murió.


04 junio 2010

Insomnio

"No puedes dormir porque tienes sueños atrasados". La sabiduría materna es infinita e inexplicable. Yo, que adoro el efecto de mi imaginación cuando entra en complicidad con mi almohada, arropada con mis sábanas favoritas... no puedo conciliar el sueño, y mi progenitora acertó, improvisadamente.

La sabiduría materna es, también, irrefutable. Tengo sueños atrasados. También realidades. Ahora, en mis horas de insomnio, me pongo a idear estrategias para sacarlo [al insomnio] de mi vida y recuperar mi costumbre de dormir tarde y despertar tranquila.

Mientras tanto, aquí me tienen, a las 4 de la madrugada.