02 abril 2010

Hay golpes con la bicla, tan fuertes yo no sé

Cataplum es una de las expresiones onomatopéyicas que con más frecuencia repetí durante mi enanitud, sin explicación aparente. Cataplum y golpe con las dos manos para que suene más bonito. Golpe. "Hay golpes en la vida tan fuertes yo no sé", dijo Vallejo alguna vez y lo repetimos de paporreta cada vez que algo nos duele. Pero nunca había sido tan conciente del cataplum y de los golpes en la vida de los que según yo sé, pero en el fondo tal vez no sé nada.

Ayer, cumpliendo uno de mis propósitos añonueveros, salí a manejar bicicleta, como todas las noches desde hace una semana. Aprendo a manejar bici a los 27 años, y qué. Un señor vigilante, al ver que casí me fundo con el pavimento, me dijo hoy que no estoy en edad para esos trotes, yo le respondí preguntándole si él estaba en edad para manejar su vida sin sacarse la mierda en el intento. (A ver pues, chapa ese timón!)

Lo cierto es que mi respuesta salió desde alguna de mis tripas, pues minutos antes, lejos de los ojos del señor vigilante, me di un golpe fortísimo, de esos que tiene la vida y que uno no quiere llegar a enterarse, pero se entera. Subía por una acera de la Residencial San Felipe montando la bici, pensando en lo rápido que quiero aprender, pensando en en Meg Rian manejando sin manos, en el sombrerero loco, en que los escritorios y los cuervos no se parecen en nada y en que no debería volver a caminar de madrugada por la avenida Salaverry... cuando de pronto me di cuenta que en la perfecta línea imaginaria por la que manejaba, se cruzaba un poste... con el cual me estrellé sin atinar a manipular el freno... porque en algún nanosegundo decidí que no importaba si lo manipulaba, que igual me iba a caer, que igual me iba a doler... y entonces... cataplum!

Me choqué, me dolió (aun me duele). Saboreé cada uno de los golpes que la bicicleta me daba en distintas partes del cuerpo, y cada uno de los segundos que demoré en estrellarme y revolcarme contra el césped, al cual me aferré, disfrutando su olor a verde húmedo, recién regado, en el cual me refugié, como si no hubiese apretado el freno buscando aterrizar en él. Y me quedé ahí viendo pasar el tiempo, adolorida, pensando secretamente en que quería quedarme ahí un ratito más, regodeándome en mi dolor.

Después de semejante teatro me levanté y seguí manejando... como debe ser.

2 comentarios:

Flor de Espanha dijo...

Moraleja: Si quiere manejar su vida... digo: Bicla, no tenga el pensamiento en las nubes, concéntrese en el timón, que aunque al pedalear no tiene exactamente los pies en el suelo, es necesario tener certeza que no se está volando.

Catalina dijo...

si... no todos tenemos la suerte de los chibolos de ET...