10 mayo 2009

Mi madre, mi amor

María Úrsula Isolina Abanto Roncal viuda de Subirana. Mi mamá firma así siempre, por lo que creo que necesita aun su libreta electoral de tres cuerpos para identificarse.

Me crió escuchando música que ahora pasan en la hora del lonchecito, canciones que aun canto a voz en cuello con ella, y que la hacen reir cuando le cambio el asunto a las letras. Aun así no entiende como puedo escuchar a Daniel F diciendo "pero cuando hay amor, la distancia a la mierda, laraaaaa", por decir algo sencillo. En el acto escucho "cómo le haces escuchar eso a tus sobrinos" y corre a abrazarlos y taparles las orejas. Más o menos así:

A mi madre no le gusta que salga a fiestas o reuniones, pero sólo me trancó la puerta de la casa una vez. Y se asustó tanto al no saber donde estaba al día siguiente (mientras yo dormía placidamente en el segundo piso), que no lo volvió a hacer.

Mi madre me rogó casi con lágrimas en los ojos que no estudie comunicaciones, que no sea periodista y que me quede a trabajar en el banco. Ahora casi siempre guarda mis artículos.

Mi madre dice que es malo salir a bailar, que no debo tomar, y que no debo fumar. Pero me espera con jugo de papaya todas las mañanas, "por si acaso". Mi madre odia que vaya a conciertos, pero le encanta que le cuente al día siguiente lo mucho que los disfruté. Odia que vaya a reuniones seguido, pero se divierte cuando le cuento las anécdotas con los amigos. Y siempre que salgo le pone una velita a mi papá y a mi padrino para que me cuiden. (Buena chamba viejos, gracias!)

Mi madre me jode la vida a diario. Y yo se la jodo a ella, así que estamos parches.

Mi madre me decía de pequeña que no lea mucho. Ahora mira orgullosa mi biblioteca.

Mi madre me creyó cada vez que decía que iba a llegar tarde de la universidad por hacer un trabajo, y no preguntaba cuando llegaba con una etiqueta de pilsen pegada en mi cuaderno.

Mi madre bautizó a un grupo de mis más queridas amigas de la universidad como "las bandoleras". Una de ellas se lo agradeció en la graduación.

Mi madre me dejó en adopción en la casa de Melina una semana, haciendo (en serio) trabajos de la universidad. Y gané otra mama mía.

Mi madre dio mucho porque yo vaya a la universidad. Lo que no sabe es que por ella aprendí los cursos más importantes de la universidad de la vida.

Mi madre me prohibió usar minifalda a los 14. No sabe el favor que me hizo, aunque la que muere porque yo use faldas ahora, es ella.

Mi madre dice que no conoce mujer más terca que yo. Y yo no conozco mujer más terca que ella.

Mi madre dice que hablo muy poco de mi, y se molesta. Pero cuando le digo que no pregunte y me de un abrazo, me lo da diciendo "te quiero mucho mi reina".

Mi madre me tomaba de la mano y yo la miraba de lejos, casi desde el piso. Ahora me toma del brazo y tengo que agacharme a escucharla.

Tenemos maneras muy distintas de ver la vida, pero en ninguna parte del contrato dice que no debería ser así.

Mi madre quiere lo mejor para mi a su manera, pero (también a su manera) me deja buscar lo que yo quiero para mi.

No sé cuanto tiempo más esté mi mamá conmigo, pero lo que siempre me quedará de ella, además de todo lo dicho, de las interminables peleas, de las llamadas al celular de madrugada, de sus desayunos raros, de su ají de gallina, de su quaker con manzana, de sus aburridísimas películas hindú, de sus chocolates princesa, de su terquedad, de su fortaleza, de sus aburridísimas novelas mexicanas, de sus canciones tristes, de su paranoia, de sus ojitos tristes cuando mis sobrinos se despiden, de su chompa favorita, de su lápiz labial de antaño (pimienta caliente), de su horror por la tecnología, de sus contradicciones, de sus manos descuidadas, de su mechón de canas que me heredó prematuramente, de sus ojos lindos, de su botas taco 9, de su 57 de cintura antes que yo naciera, de sus mil escondites de cachivaches, de sus sandwichs mixtos en la tiendecita blanca, de nuestros paseos por la avenida Larco, de su temor a las escaleras eléctricas, de su fervor por adoptar a mis primos, de sus helados de chocolate, de su histeria... serán sus abrazos, siempre, y como fuere. Las manos de mi padre y los abrazos de mi madre... no se me irán nunca de la memoria de los sentidos.

Y en honor a su primer nombre, mi madre adoptó esta canción como suya. A mi no me gusta, pero que xu. Es su día, no el mío. Gracias mamá, sigo pensando que tú hiciste conmigo mejor trabajo del que crees, tal vez la que no hace aun un buen trabajo conmigo soy yo, pero tenme fe, porque de una extraordinaria mujer no puede salir algo malo. Menos cuando conmigo, rompiste el molde. Adoro, te.

3 borrones más:

J.M dijo...

Excelente post. Quisiera poder describir sentimientos similares por la mia, pero hasta ahora sigo buscando las palabras exactas para hacerlo. Tarea mas que dificil la mia.

Catalina dijo...

muchas, muchas gracias.
tarea difícil decirle a mamá lo que se siente por ella. yo también sigo buscando cómo decírselo a la mía.
un abrazo!

Leonardo Ledesma Watson dijo...

No puedo decir que te odio porque no te conozco, pero por tu culpa ha pasado lo siguiente:

1. He dejado una nota a medias por quedarme pegado leyéndote.

2. Lágrimas, lágrimas y nostalgia.

3. Mi memoria se aseguró de atrapar recuerdos que solo son eso, recuerdos.

Sé que lo de la nota es mi responsabilidad , pero creo que también era una obligación "borronear" Mi madre, mi amor.
Gracias.

Cuídate.